Biografías

Hace rato, en clase, platicaba con los estudiantes acerca de la importancia y uso de la poesía. Yo mismo aseveré: “Seamos honestos, La poesía no sirve para nada. Con ella no es posible hacerse de comer, dormir, vestirse, ni siquiera llorar (le pese al Cortázar que sea)”. “La poesía es una desgracia” dice Luis Cháves y leímos el poema:

Poema contra mí mismo

Unos creen que basta una lectura de Virgilio o de otros clásicos y publican versos dignos de mención.

El único Virgilio que conozco es mi tío, tiene el hígado del tamaño de una cuarta de vodka, su vida es poesía de la buena.

Los hay que hablan de sus amadas como si tuvieran cubos de hielo en la bocalas llevan a sus recitales, hacen versos con trompitas, suspiran y cierran los ojos, momento que aprovechan sus exvírgenes para celebrar bajo el mantel mi versión mejorada del papanicolau.

Ahora, los poetas macrobióticos, a pocos meses del dos mil, prometen el reino vegetal del más allá; mi vecina de acá, usa lentes oscuros de noche para esconder el color berenjena de sus párpados. Todos tratan a la poesía como a una anciana, son solemnes, hablan en voz baja, con uñas correctas.

La poesía no es un oficio, es una desgracia, más bien una deformación del pensamiento; es como el padre que a escondidas mete las narices en la ropa íntima de su hija.

La poesía moja el colchón y en las páginas del diccionario de la real academia escribe el teléfono de la esposa de su mejor amigo.

El poeta hurga en su corazón como quien busca pan en la basura.

El poeta escribe y le crece nariz.

Si los poetas fueran eso…

El poeta es una expresión artística, la forma más exquisita que un humano tiene en su comunicación con los demás, es perenne, trasciende. El poema es el mejor mensaje que navega por el aire, hace florecer las vidas que se secaron.

No hay mejor distintivo para un poeta o escritor que haber formado parte de las filas de la Real Academia, no tanto por la institución como tal, sino por el noble ejercicio de estudiar el idioma, adquiriendo maestría para generar los mejores diálogos de la vida; sostener el tiempo en un verso, metaforizar.

Por eso es bello compartir con los poetas y escritores, sus experiencias de vida, las anécdotas que les hicieron reír, conocer la inspiración que plasmó obras maravillosas como los 20 poemas de amor de Neruda.

¿Qué sería del mundo sin Cien años de soledad? ¿Dónde estaría la emoción sin Edipo Rey? ¿Cómo decidir sin las bifurcaciones de Borges? ¿Qué mejor terror en la vida que el de Poe? ¿Dónde entenderíamos el existencialismo sin leer a Camus? ¿Qué sería de nuestras vidas sin la locura que Erasmo de Rotterdam trajo al mundo?

Sería más triste el mundo con esa mirada utilitaria de la vida que el poema del poeta costaricense Luis Cháves nos regala, no para odiar a los poetas, sino, por el contrario, con un poema hacernos pensar en el valor de la vida con los escritores.