Mitos, mentiras y obras fumadas

Los libros suelen ser vehículos de comunicación algo extraños, fumados, inverosímiles incluso; mitos y obras que no pierden su encanto incluyendo seres imaginarios y lo que resulta aún más folclórico es que en la sociedad se encuentra gente que los cree reales. Es por eso que dedicaré este espacio a enumerar algunos de esos seres cuya naturaleza sólo puede ser posible en la ficción literaria. Y queda la pregunta al aire: ¿por qué los escritores renuncian a la verosimilitud de sus personajes?

Historia de los mitos

Desde la mitología griega encontramos en las obras atribuidas a Homero a personajes fantasiosos de increíble adaptación social: me refiero a la Ilíada y la Odisea, en la que encontramos a dioses, semidioses y héroes fabulosos (fábulas). Ulises (nombre latino de Odiseo), tuvo que pelear con cíclopes y escuchar el canto de las sirenas amarrado al mástil del barco para no sucumbir a sus encantos y tuvo que encontrarse con piratas, hechiceras y hasta enfrentarse a Neptuno quien embraveció los mares haciéndole naufragar. Incluso obtuvo la profecía de morir en brazos de su propio hijo. Al menos sabía que le volvería a ver después de 20 años fuera de casa.

mitos y obras BeowulfAdemás, con los griegos, pudimos ver a un grupo de dioses que se emborrachaban, se peleaban entre ellos y lanzaban rayos a la tierra desde su monte Olimpo. En tiempos más medievales (sin fecha) vimos a Beowulf que es un poema anglosajón de 3182 versos donde se narra la lucha del héroe que da nombre a esta historia con un gigante denominado Grendel que atacaba insaciablemente a una comunidad, a pesar de tener un ejército de tipos fornidos y preparados para pelear. Y posteriormente otro gigante aparece como protagonista de la obra de Françoise Rabelais de nombre Pantagruel, publicado en 1532, inspirado en un texto anónimo denominado Las grandes e inestimables crónicas del gran gigante Gargantúa que narra la historia cómica y llena de excentricidades de un gigante voraz e insaciable que causa repugnancia. Incluso la Sorbona condenó esas publicaciones.

De la edad media al renacimiento

Dante Alighieri recoge en Commedia (La divina comedia) a personificaciones de la razón, la fe (el propio Dante en forma de una mujer llamada Beatriz) y visualizando al demonio como un monstruo de tres cabezas. Recorre el infierno, el purgatorio y el paraíso haciendo interesantes aportaciones al imaginario de la escatología cristiana. En su recorrido encuentra a personas que han muerto y que sufren el castigo como Judas en la boca de Lucifer o a Catón el Joven como guardián del purgatorio que, por cierto, se encuentra bajo las aguas del polo sur del planeta. En el ante-purgatorio se encuentra Manfredo de Sicilia quien fue rey de Sicilia coronado el 10 de agosto de 1258. Seguramente se hallaba purgando una pena en ese sitio porque se negó a entregar su reino al Papa Inocencio IV.

El Quijote de Cervantes es también un tipo increíble, aunque ha existido ya un debate entre catedráticos y escritores sobre la verosimilitud que suscita un personaje como el Ingenioso Hidalgo, quien es más real que los vecinos de la cuadra; un personaje lánguido ante la locura, aventurero y suertudo que veía a una camarera como su amada dama y que peleaba con su espada frente a gigantes representados en molinos de viento.

No cabe duda que el personaje de Drácula es también harto fantasioso. Un tipo que no aparece en los espejos, que al morder hereda su “rabia” a las víctimas quienes también se volverían inmortales o podrían morir con una estaca en el corazón o decapitados con ajo en la boca. Es la novela de Bram Stoker publicada en 1897, aunque también es recogido de una leyenda húngara.

La locura continúa con regocijo en el S. XX

¿Se imagina a un caballero tan perfecto que usa una armadura blanca y de todas las cualidades inimaginables? Es el caso de Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, Caballero de Selimpia Citerior y Fez, El caballero inexistente (1959) de Ítalo Calvino. Al abrir su casco no se hallaba una persona. Estaba vacío. Pero peleaba como ningún otro. Era respetuoso, no podía pronunciar malas palabras. Sólo era su armadura sin persona dentro.

Los escritores de los siglos XVIII y XIX se esmeraron en hacer que la realidad quedara retratada en sus obras; esto suscitó una seria discusión sobre si la literatura debía reflejar las angustias, la desesperación y la cotidianidad de la realidad, o si, como lo postularon las vanguardias, no se requiere. El arte es simbolismo, es representación mas no reflejo.

Obras maravillosas

Su verdadera grandeza es ser inverosímiles, pero parecer reales. Al llevar a imprimir su autobiografía, mezcló unos papeles de un artista y entonces su vida era una mezcla de dos personajes, es el caso de El Gato Murr del escritor Hoffman y es la maravilla de un astrólogo en el libro Los siete locos de Roberto Arlt, un extraño soñador dentro de un mundo existencialista. Esto es, personajes que no tienen un lugar en la vida real, son eminentemente literarios, supremos, magníficos. Seres que deseamos en la vida real, esa que deprime, esa que retratan Balzac, Zola o Benito Pérez Galdós.

Publicado en 2014 por La Jungla de Mariano en este enlace.

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Acerca de joebarcala

Escritor veracruzano y poblano, nacido en 1967. Autor de: -Parábolas del servicio al cliente -Novela La Cofradía -Novela El sacerdote ateo -Novela Plan para derrocar al presidente
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Comentarios

2 respuestas a Mitos, mentiras y obras fumadas

  1. Vicente Lopez dijo:

    Los personajes imaginarios o mitológicos quizás entran en la psique colectiva desde los origenes de la mente humana. En un intento de explicar nuestra conducta y actual existencia, los humanos buscamos causas en donde no existen. Sabemos que el cerebro humano tiene esta tendencia natural. Quizás así lleganos a Zeus o a Dios.

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