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Algunos desesperan porque esta pandemia del Coronavirus (COVID-19) pareciera que va a ser un apocalipsis. Lo que vemos en España, Italia y Estados Unidos abonan al terror, no sólo por el miedo mismo a ser contagiados y que la curva epidémica sea demasiado vertical para recibir atención médica en caso de llegar a esa situación.

Aclaración inicial: Nunca es bueno endrogarse económicamente, pedir prestado, pues tarde o temprano lo lamentaremos. Ese tipo de préstamos bancarios son para empresas que hacen rigurosos cálculos de sus ganancias a mediano o largo plazos, no para tomar en emergencias pues podrían acarrear años de desestabilización financiera.

¿Vendrán tiempos mejores?

Hay padres de familia en nuestras sociedades y con ellos, los hijos que esperan un futuro. En ese sentido, millones apostarán por una recuperación. Esos niños y niñas necesitan comer, estudiar, crecer y vivir. No hay muchos padres que se puedan dar el lujo de dejarse derrotar por esta crisis.

Esto es para quienes creen que este es el Apocalipsis.

Si los sacerdotes y pastores ahora piden el diezmo electrónico y si los gobiernos siguen cobrando impuestos, esto necesariamente debe volver a su habitual ritmo. No muchos seres exentos de esta obligación de levantar nuevamente las cortinas de sus locales. Los empleos volverán si ya se han perdido. Nuestro instinto de supervivencia es lo más fuerte que tenemos como humanos.

Miles ya bajaron sus expectativas, saben que no alcanzarán las metas que soñaron al principio de este año. Las retomarán luego del paréntesis de la cuarentena y lucharán por lo más posible. Incluso habrán pensado durante estos días cómo alcanzar nuevas metas, ante la crisis, la creatividad.

Lo difícil será sobrevivir sin los seres queridos que queden en el camino, pero eso ha sucedido siempre. La vida y el show, como siempre se ha dicho, debe continuar. Lo siento por los árboles que serán talados, los recursos y animales que se agotarán por nuestras desmedidas ambiciones. Creo que en eso, tenemos que crecer y desarrollarnos de una forma más organizada y sustentable.

Habrá cambios, seguramente, serios cambios. Eso es innegable. Tenemos, empero, la capacidad y la inteligencia suficiente para enfrentar todos los retos y la motivación: nos impulsa la gente a la que amamos, los hijos, padres, amigos. Somos muy fuertes y lo seremos más al terminar esta contingencia. Los que se dejen caer atraerán a quienes viven de levantar personas (psicólogos, por ejemplo; asesores para empresas, capacitadores).

La palabra necesidad es la clave. Ahí donde hay una necesidad, siempre hay alguien dispuesto a satisfacerla. Así funciona nuestra sociedad. Hoy muchos hacen su “agosto” con la venta de cubre bocas. El Fondo Monetario Internacional está encontrando incautos desesperados por la crisis para empujarles un préstamo abusivo.

No desesperemos, esta crisis puede, como lo es para muchos, una oportunidad de crecer como personas y como satisfactores de necesidades para otros. Ahí encontrarás ambas partes, quienes pueden satisfacerlas y quienes pueden pagarlas.

Cierto que si en mi país se cree en los préstamos del FMI, terminaré pagando esa deuda por décadas a cambio de una rápida recuperación. Si, por el contrario, nos ajustamos todos el pantalón y aprovechamos el ingenio, vendemos las cosas viejas o las usamos para mover nuevamente la economía, en mucho menos tiempo estaremos recuperados de la recesión e incluso, nos encontraremos en mejores circunstancias competitivas frente a los otros que optaron por las medidas fáciles.

No desesperemos, tenemos sólo un paréntesis. Al regresar volverá a circular el dinero, con energía, habrá muchas fiestas, la gente que retuvo su dinero sabrá que ya puede volver a gastar, pues ya tiene de dónde volver a cobrar. Seguiremos comiendo, bebiendo, viajando, desplazándonos y enfermándonos como de costumbre.

Por eso es de agradecer que no entremos en pánico y que los gobiernos administren bien las contingencias.

Por Joe Barcala

José Luis García Barcala, Joe Barcala, es Maestro en Literatura y Licenciado en Comunicación. Nace el 6 de septiembre de 1967 en el Puerto de Veracruz. Tiene 8 obras publicadas y otras tantas por publicar, ya terminadas. Además, está dando los toques finales a otras dos.

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