Mujeres, ¿sólo una diferencia corporal?

Gracias por compartir:

Esta mañana amanecimos sin mujeres. No podemos hacernos de
la vista gorda ante tal hecho. Nos hemos quedado sin hijas, sin hermanas, sin
tías y sin madre. Algunos sólo nos damos cuenta de lo valiosas que son hasta
que las hemos perdido. Es tan grande el vacío que dejan que deberemos
mantenernos ocupados por mucho tiempo antes de empezar a sufrir por su
ausencia. Deberemos lavar nuestra ropa, muchos por primera vez en su vida.
También guisaremos, plancharemos, lavaremos los baños y pasaremos el trapeador
luego de barrer la casa hasta la banqueta.

Escucha el programa donde leí esta editorial

http://lahr.mx/y-como-dice-la-cancion-521/

Día de la mujer

¿Son esas tareas exclusivas de una mujer? ¿Sólo ellas lavan, planchan, barren y se enfrentan a una pila de trastes en el fregadero? En términos muy generales, muchas de ellas trabajan y al llegar a casa todavía deben terminar esos quehaceres, porque los hombres decimos estar muy cansados para eso y preferimos vivir como los cerdos antes de comprometernos a simples pero cotidianas tareas en el hogar.

Una de esas mujeres se comprometió con cada uno de nosotros a defendernos cuando nacimos, a sentirse responsable de nuestra seguridad, y se preocuparon cada noche por las medicinas que debíamos tomar, y nos enseñaron a movernos, hablar, caminar y leer. Nuestro entorno estuvo limpio, igual que la ropa y las sábanas. Formaron en cada uno y una los hábitos de lavar nuestros dientes, bañarnos, curar nuestras heridas y forjar un carácter. ¿Cuántos hombres lo han logrado con el mismo éxito que ellas?

Pero hoy no están, se han ido, desaparecieron. ¿Cuánto debería durar su ausencia para darnos cuenta de lo que valen? Quizá un año, quizá dos. Porque es una pequeña diferencia corporal solamente. Unos somos altos o bajitos, otros de tez clara u obscura, con muchos o pocos músculos, de postura militar o encorvados, dedos largos o cortos. Es sólo una diferencia física. Como lo somos todos. No hay un estómago femenino y uno masculino, no hay un pie de mujer y otro de hombre, ni cerebro de dama y caballero. Somos todos, un conjunto de seres humanos cuyas diferencias físicas no deben alterar la maquinaria de nuestra organización social y donde cada uno ocupa un lugar sin discriminación de género, raza o ideología.

Un paro o ¿a dónde vamos a parar?

Que las mujeres hoy detengan su marcha altera todo nuestro entorno. Significa que no sabemos, que no entendemos, la importancia de un equilibrio, el valor de cada persona. No somos seres sociales conformados de subconjuntos menores. Esta humanidad debe ser inclusiva, o pronto, tendremos paros de campesinos, ilegales, iletrados, bailarines, músicos, políticos y el hoy también anhelado paro de hombres.

¿Entonces? ¿Y si paramos todos? ¿Si nos damos por vencidos todos? ¿A quién reclamaremos? ¿De qué nos vamos a quejar y con quién? Si los planes, proyectos, presupuestos, mecanismos, organismos discriminan a otros, los hacen a un lado, los ignoran, es obvio que estamos generando un problema para el futuro cercano. Debemos generar planes inclusivos, donde todos tengan cabida, en el que existan posibilidades de desarrollo para el 100% de nuestras comunidades.

Hoy se detienen las mujeres, y con justa razón. Hemos creado un sistema social que ignora su existencia, que da espacio a unos sobre otras, y lo estamos alimentando día a día con acciones fomentadas desde el hogar, en los trabajos y en las escuelas. Debemos deconstruir, es decir, reaprender, recrear, cambiar las fórmulas. No, no será nada fácil. Hay mitos, libros que exaltan el machismo, cientos de películas, cuentos, princesas y príncipes, que insisten en roles de sumisión, de control… empecemos por reconocer que tenemos una sociedad hecha a modo para unos o unas y muy complicada para otros y otras. El género femenino o el masculino son sólo imaginarios y por eso se excluyen a otros términos medios, hombres con características femeninas y mujeres con rasgos masculinos.

¿Qué es la mujer?

Son solo diferencias corporales, lo que nos define como humanos es nuestro cerebro, pues, a diferencia de otras especies, somos capaces de razonar, de pensar, leer, escribir, imaginar con una muy marcada diferencia y eso lo hacen por igual, hombres, mujeres, ricos, pobres, ancianos y niños, tibetanos o argentinos. Estamos a tiempo de revalorar la existencia de cada uno, de cada ser humano, con o sin educación, con o sin dinero, con o sin títulos nobiliarios. O somos importantes todos o no valemos nada como especie.

El paro de mujeres hoy, puede llevarnos a un cambio sustancial en beneficio de todos o generar más diferencias. Si no escuchamos ese llamado hoy, mañana pararán los abuelos, luego los niños, más tarde los pobres y así hasta que se detenga toda la humanidad. En cambio, si nuestros oídos finalmente escuchan este llamado, podemos esperar un futuro más halagüeño, el día de la prosperidad universal… dejemos de marcar nuestras diferencias, empecemos a ensalzar las coincidencias. Hagamos a un lado, con inteligencia, con razonamiento, aquellos términos dañinos para otros: “soy mejor que tú”, “tengo más que tú”, “llegué primero” y usemos nuevas frases que conjuguen los verbos en un conjuntivo humano: “todos tenemos los mismos derechos”, “respeto tus ideas”, “valoro tus propuestas”, “agradezco tu existencia”.

Acepto que no será fácil. En el ambiente flotan partículas muy dañinas, envidias, resentimientos, mentiras y grandes decepciones de actos pasados. Junto a nosotros caminan homínidos involucionados cuya ferocidad no ha sido lo suficientemente superada por la evolución. Algunos creen que seguimos viviendo en la selva y aplican las leyes del talión o de superioridad física. Muchos otros intentamos dejar atrás la barbarie, entrando ya en una faceta de civilización, nos escuchamos, llegamos a acuerdos, somos solidarios, usamos la empatía. Hay quienes aún matan al enemigo, violan, roban, abusan y anteponen con egoísmo salvaje sus condiciones.

Por eso en México decimos que no tienen madre. Si la tuvieran, reconocerían a esa mujer que marcó nuestro entorno cultural, nos hizo seres civilizados, nos comprometió con un mundo mejor, nos enseñó a comportarnos en casa de los vecinos. La mujer se vuelve madre en algún momento de su vida y tal es su valor, igual que muchos hombres, aprendemos a dejar la fiesta y a comprometernos por formar un hogar, ellas nos enseñan también eso. Hoy es un día de lecciones, aprendamos, aprovechemos la oportunidad para saber un poco más de nosotros mismos como especie humana, pues, antes de ser feministas, todos y todas somos humanistas.

Total Views: 311 ,
Gracias por compartir: