Fragmento de El sacerdote ateo

Fragmento de El sacerdote ateo

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Entrevista a Joe Barcala en radio Saber sin fin.

Entrevista a Joe Barcala en Universo la Maga.

 

resumenCelebrando un bautizo en la capilla principal de su parroquia, Eusebio sintió como nunca antes,
un cínico vacío espiritual que le dio incluso un mareo y fingió sutilmente ante los convidados a la ceremonia, una alegría sin igual. La cascada sobre el cenit del recién nacido le refrescó a él también un poco. Los padres y padrinos observaban impacientes a su angelito, convertirse en hijo de Dios, al tiempo que Eusebio renegaba su fe como si se tratara de una usualmente llamada herejía. La señal de la sotana incómoda se hizo presente en el púlpito.

Era el síntoma más certero de una abnegación que terminaba. ¿Qué lo llevó a salir del juramento sagrado? ¿Cómo dejó el credo? Tantos años de tradición y conservadurismo, al cual aparentemente nunca se apegó y ahora las afirmaciones dogmáticas le pesaban más que nunca. El pequeño bautizado con el lodo espiritual de Eusebio seguramente alcanzó la conmiseración celestial, e impulsó un grito desgarrador que retumbó en la bóveda mayor del templo barroco. Encrestó la diadema de su sotana como signo de la perturbación que sentía aquella mañana de sábado y una vez terminado el ritual, desesperanzado y harto, ofreció el sermón indiferente.

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¿Qué hacer cuando se acaba la fe?

Un halo de luz brincaba entre los vitrales y los millones de micro organismos ambientales se disfrazaron de esplendor y el corazón de Eusebio dejó de latir en el fervor religioso mientras aclamaba a los presentes una homilía cautivadora.
cita1

—Y hay quienes se preguntan: ¿dónde está Dios? ¡No se dan cuenta que cada vez que uno de estos pequeños niños, hermosos y serenos como Daniel, al ser bautizados en el nombre de Cristo, además de la fiesta celestial, la Trinidad le sonríe al mundo! Hombres de poca fe, miren cómo florecen los campos, las familias y el seno de la Iglesia.

Una voz interior le decía: «estoy harto de tanta solemnidad» y otra voz le hacía eco: «y de tanta soledad». Finalmente, una resonancia recóndita argumentó: «tengo mucho miedo de que un día se aparezca un ángel y muestre la ira de Dios», aunque al parecer a su conciencia y al resto de sus voces interiores no les importó esta última reflexión.

Novela publicada en diciembre de 2015

Al terminar la ceremonia le correspondía media hora de confesiones que a pesar de su inminente ateísmo todavía le causaban cierta curiosidad, entre tanto tedio. No porque siempre fueran los mismos pecados, le dejaba de interesar la mirada de cada quien a sus problemas. Las historias por lo general eran diferentes, los matices variaban como cada cerebro con sus abismales contrastes.

citas2Un adolescente se confesó, apenado, de haber deseado más de la cuenta a su novia; un hombre se acusó de adúltero por quinta vez, decía, no lo podía evitar; el director de una escuela secundaria se acusaba de odiar a una maestra que trabajaba para él, indicó, justificándose, que ella siempre lo estaba retando; un joven fue vencido por la tentación de una droga, llevaba algunos meses luchando sin lograrlo.

Aquella tarde una anciana a punto de un evento trascendental, es decir, a un paso de la muerte, se acusó de blasfema, renegando su fe; explicó que todo el cuerpo le dolía mucho, principalmente por las mañanas y ninguna oración le quitaba las noches en vela levantándose al baño sin poder vaciar su vejiga. Dios, dijo, se había olvidado de llevársela y hasta lo maldijo. También se presentó un hombre de mediana edad; se acusó de haber violado a una muchacha; especificó que era de clase media y muy hermosa. También justificó su acto, aunque al terminar mencionó algo que a Eusebio le llamó mucho la atención:

Un párroco con dudas de fe ¿cuántos habrá?

—Fíjese Padre que a pesar de haberla violado, conté con su apoyo, es decir, la mujer me abrazó, me besó y hasta sentí que ella me violó a mí. joechica

Eusebio estuvo a punto de decir «no seas sinvergüenza hijo» pero la fe de su alma era ya tan poca que en realidad no le importó discutir. Le causó curiosidad, eso sí, que la voz se le había hecho bastante familiar. Después de la absolución y la penitencia, se marchó y Eusebio abrió la puerta para intentar mirarle. Sólo alcanzó a verle la espalda y la nuca que no le permitieron distinguir quién era ese hombre, pudo ser cualquiera. Se sintió tentado a seguirle pero una mujer sumamente adornada se postró en el reclinatorio y tuvo que escucharla.

[...]
 

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Inició conteo: 12/11/2016 Visto: 3203 ,
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Comentarios

10 comentarios en “Fragmento de El sacerdote ateo

  1. Joe: EXTRAORDINARIA!!!!!
    Se supone que, como amigos, debo decir que tu novela, El Sacerdote ateo, es buena, y decirte alguna razón que lo amerite. Pero lo siento, no tomaré esa postura.
    Debo decir que es una novela extraordinaria y magistralmente escrita. Las dos reseñas que se hacen en la portada final son impresionantemente pobres ante la grandeza de tu escrito. Desde la página diez quedé cautivado por la trama y no pude soltar de leerla hasta el final. La claridad, sencillez y lógica de su exposición, aunque con miles de detalles, te permiten seguir el acontecer de todos lo que sucede. La descripción interior de cada personaje te permite verlos, comprenderlos y reconocerlos en las personas que nos rodean. Las palabras, metáforas y comparaciones le dan un toque magistral a la narración. La maravillosa descripción de las situaciones internas de la Iglesia, sólo pueden ser logradas por un sacerdote o por alguien que ha vivido o conoce muy bien esos laberintos. Quizás pudiste haberle quitado al título, la palabra “Ateo” y sólo quedar: “El sacerdote”, porque creo que refleja las dudas y problemas de todos ellos y de la iglesia misma. Odié el final. Durante cien páginas me pregunté e imaginé la forma en que terminaría la inmensa problemática de Eusebio, pero jamás imaginé la forma en que, en un sólo párrafo, lo logras.
    Te felicito, de todo corazón, por esa gran y magistral novela, es digna de llevarse a la pantalla y ser leída por millones de personas. Tu escrito despierta aun más la conciencia de una obsoleta institución que retrasa el avance de la humanidad. Vic.

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